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La idea de fondo
Casi todas las webs del sector son opacas. No dicen precios, no dicen plazos, no dicen qué incluye y qué no. El visitante sale con la misma duda con la que entró y con un formulario de "solicita presupuesto sin compromiso" como única salida.
Yo hago lo contrario: la web más transparente que el cliente esté dispuesto a tener.
Y no es una postura moral, es cálculo. Cuando alguien busca "cuánto cuesta una casa de madera llave en mano" está preguntando de verdad, con intención de gastarse el dinero. Si nadie le responde, se va con quien le responda. Casi nadie le responde.
1. La entrevista — sacar el alma del negocio
Antes de hablar de colores, de tipografías o de estructura, me siento con el cliente y le hago hablar de su negocio.
Qué busco:
- De dónde sale el nombre. Suele haber una historia detrás y suele ser mejor de lo que él cree.
- La historia del negocio desde que empezó.
- Sus mejores trabajos. Cuáles y por qué.
- Sus peores trabajos. Esta es la pregunta que nadie hace y la que más dice. Ahí se ve qué tipo de cliente no le encaja y dónde está su límite real.
Luego le pido que me lo mande otra vez en un audio o por escrito, con sus palabras. Sin pulir. Ese material en bruto es el que vale: cuando alguien te cuenta su negocio por segunda vez y sin la presión de la reunión, sale cómo habla de verdad.
Eso es lo que llamo el alma del negocio. Y es lo que paso por el análisis para extraer el tono, el lenguaje y las decisiones de marca.
2. De la historia salen las decisiones — y a veces cambia el encargo
El orden importa, y en el sector va casi siempre al revés. Lo normal es elegir primero la estética y meter el texto después. Yo saco la estética del relato: tipografías, colores y estructura se deciden a partir de lo que el negocio es, no de lo que está de moda.
Pero a veces la entrevista cambia algo más grande que la estética: cambia qué web hay que hacer.
Un caso real: NidoVerde. Los mismos dueños de Obliko Reformas tienen una línea de camas artesanales para perros. Vinieron pidiendo una tienda online: catálogo, ficha de producto, carrito. Lo de siempre.
Después de la entrevista quedó claro que su producto no competía por precio ni por catálogo. Competía por otra cosa: son camas eco, artesanales y personalizadas, y lo que convence no es una ficha técnica, es ver a un perro disfrutándola.
Así que les propuse dejar la tienda al uso y montar una página que explique por qué tu mascota debería tener una de estas camas, con las imágenes como argumento y no como decoración.
Aceptaron. Y ese cambio no salió de un análisis de mercado: salió de escucharles contar su propio negocio.
3. La competencia — quién está cerca de verdad
Con el análisis en la mano, miro quién compite de verdad en su zona. No "el sector", sino los que se va a encontrar un cliente que busque desde su ciudad.
Y miro especialmente qué no están diciendo. Ahí es donde apareció lo de los precios: página tras página, ninguna cifra.
A esas las llamo webs opacas.
4. Los nichos no son palabras, son preguntas
Aquí es donde me separo del SEO clásico. No busco palabras clave con volumen: busco lo que la gente pregunta cuando está informándose.
"Cuánto cuesta una casa de madera llave en mano" no es una palabra clave, es una persona con una duda concreta y dinero en el bolsillo.
Esas preguntas son las que estructuran la web y las guías. El objetivo es que el visitante encuentre la respuesta, no que rellene un formulario para conseguirla.
5. Los precios — cómo se ponen sin pegarse un tiro
Es la parte donde el cliente se resiste, y con razón. Publicar precios da miedo. Se hace con datos, no con corazonadas:
- Los precios reales del propio cliente. Él ya sabe por cuánto está trabajando. En Obliko, una reforma media en Barcelona se mueve en una horquilla conocida, porque lleva años haciéndolas.
- Bases públicas de precios, como los generadores de presupuestos del sector (CYPE) o los precios de referencia de ayuntamientos de la zona.
- Un tarificador propio que he montado para calcular un presupuesto estimado y poder dar una respuesta rápida.
Qué se publica exactamente
Precios orientativos, dicho con esa palabra, que se acercan a la realidad en torno a un 80%. Nunca un precio cerrado, y siempre con lo que incluye y lo que no.
El objetivo no es comprometerse a una cifra: es que el visitante sepa si está en su rango antes de escribir. Eso filtra. Llegan menos peticiones y llegan mejores.
¿Hay negocios donde no se puede?
Hasta ahora no me he encontrado ninguno. Sí creo que los habrá: negocios donde cada trabajo hay que tasarlo antes, y donde el precio orientativo exige un estudio previo más serio. Cuando llegue, se estudia. No se publica una cifra que no se sostiene.
Cuando el cliente se niega
No discuto de principios: le enseño hechos. Le muestro qué están haciendo los demás de su sector — casi siempre, nada — y qué pasa con quien sí responde a la pregunta del precio.
El miedo suele ser que un competidor le copie la tarifa. Pero su competencia ya sabe lo que cobra. El que no lo sabe es el cliente que se va sin preguntar.
6. El resultado
Una web donde el negocio habla como habla su dueño. Sin rodeos, sin "somos líderes en el sector", sin plural de agencia si detrás hay una persona.
Como si el cliente estuviera hablando directamente con quien entra.
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Carpintero y empresario del sector de las reformas en Barcelona. Fundador de Elegibla. Más sobre Leonardo